
Y a mis espaldas mis amigos se reían y apostaban hasta cuanto duraría yo sabía que la envidia no es buena consejera y que el amor se ve distinto desde afuera. Que en el fondo me quería y me adoraba y por eso yo al final lo perdonaba cuando desaparecía sin decir nada y aparecía al otro día totalmente colocada.



























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